No. La palabra es derrota
Porque nuestra relación se convirtió en una batalla que nos costaba terminar.
-Yo, que siempre había querido algo más, pero no sabía cuanto.
-El, que había querido estar conmigo, pero no tanto.
-Yo, que podía entenderlo y hasta comprenderme pero nunca había podido aceptarlo, como no podría ahora.
-El, que no estaba dispuesto a renunciar a su manera de ser, como no lo estaba ahora.
“El es todo eso que veo, pero también es todas las muchas cosas que ahora no veo.”
Tal vez fue por esa sensación de abandono que traía, porque lo vi allí, tan solo como yo, tan desolado y triste. Tal vez fue porque se estaba haciendo de noche, por la nostalgia o por el fracaso. A lo mejor fue porque no tuvimos que decir casi nada, porque fue sólo estar, permanecer juntos por unas horas, como si el nunca se hubiese ido, como si yo nunca hubiera sentido alivio aquella otra noche cuando cerré la puerta por última vez.
Además, no creo que sea buena idea dibujar una pareja que se amolde al perfil de sus dificultades y desencuentros, en todo caso construir una relación duradera requiere de cierta pericia y eso sólo se consigue con entrenamiento.
Cuando sea capaz de saber dónde esta el centro del vinculo que deseo, podré apuntar en esa dirección. Si no decidimos definir primero en coincidir en nuestros proyectos, es decir, el blanco al cual apuntar nuestras flechas, la felicidad que encuentre será solo una casualidad o una ficticia armazón para los otros. Y en lo que más me advirtieron es que cuando el amor permanece, el dolor de un desencuentro siempre trae una pena doble, el dolor de lo que a mi misma me duele y la pena que me causa el dolor de la persona que quiero, aunque sepa que no puedo seguir mi camino con el.
No cambio la idea y me niego a soportar espinas clavadas en el corazón aun al precio de no sentir ya su latido.
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